Poemas

 

Las Virtudes Cardinales (Ayuntamiento de Avilés, 2007)

virtudes

 

Los versos que lees
llevan la rúbrica de muchos nombres.
La musa es una viuda negra
que teje su tela sobre el amante
y huye entre sombras.
Es un beso perfecto el de la metáfora.

***

Habitamos los dos un planeta violento,
presos de este ímpetu que llamamos codicia.
Y es que así las palabras que escribo
son siempre un incendio de besos,
un arañazo en la espalda que surca la piel.
Son pájaros que cruzan la esfera del tiempo
y se paran sus alas.

***

Eso que ves en el espejo es tu propio rostro
que muda su gesto vanidoso igual que las hojas
se desprenden de la escarcha.
Hasta tú mismo, que te creías torre férrea,
dejas tras de ti un rastro amargo
de héroe derrotado.
La realidad que no muere se transforma.
Te sorprendería la flor carnívora
en que me he convertido.

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La nostalgia del caníbal (KRK, 2007)

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TOBILLO EN FUGA ADEREZADO CON REMOLACHA Y PIÑONES

Es cierto,
la pesadumbre tras el cautiverio
donde no vive la luz
es lo que a mí me nutre,
el exilio con que te cubres
y que sabe un poco a muerte.
Los tobillos huidos
que yo ato en la distancia
los sazono y
apuradamente los hago partir
como naves
por mi garganta.
Luego espero reposadamente a que lleguen a puerto.

 

LABIOS SELLADOS CON LIMÓN EXPRIMIDO

Resplandece la tarde al despedirse
con un gesto de tristeza ante el deshaucio,
los labios dulces desgranando
poco a poco el fruto que mi mano extiende.
Es sólo un sueño en el que muerdo un labio
con la voz silenciada,
subo una montaña,
saboreo el caudal de un río de cítricos
desde tu boca al mar.

 

CONSOMÉ DE NALGAS FIRMES Y DISTANTES

Un continente habitable
y transitorio son
los libros que
adornan las horas muertas,
al otro lado de la empalizada
vivo esperando a que dé su fruto
el árbol que plantamos,
quiero degustar
con desmesura
la nalga endurecida
en el punto exacto de ebullición
que me quema el paladar.
La lengua adormilada nada sabe de fronteras.

PALMA DE LA MANO EN SALSA DE GROSELLAS Y ACEITE DE ALBAHACA

Lo que está escrito
en las líneas de la mano
es un cadáver que dormita
igual que los fieles
besan tu bandera.
Alguien te pronuncia,
te interroga,
presintiendo tu temida respuesta.
Vivo a la piedra encadenada,
no puedo huir por el camino
más corto.
Tu mano abriga mis cicatrices,
los surcos de la piel deletrean mi destino.

 

ESTÓMAGO CON VINAGRETA DE FRUTOS SECOS

Hay licores que queman
la garganta,
recorren el camino hacia el estómago
ocupando un lugar
que nadie espera.
Tú habías de venir con la cosecha
como
un anhelado
vino joven,
pero viniste con la helada.
Yo venía de la batalla
sin fruto ni guía,
con un reguero denso de guerreros
sin patria por la que brindar.
Tú eras una copa
alzada
aguardándome.
Un asiento de madera y frutos secos
que crujiendo
desgarraba sus astillas.

 

MEJILLAS CARAMELIZADAS RELLENAS DE MOUSSE DE FOIE

Soy mujer de ritos paganos
como cruzar la espigada fortaleza,
recibir la imposición de manos
sobre la frente,
y el beso del nigromante en la mejilla
ante el sacrificio de las aves.
Lo comprendí enseguida,
soy mantis religiosa y no un arcángel,
de mi mensaje te llevas sepultada
la precisión de los violines
que interpretan tu suerte,
de la libertad consejo,
y yo me llevo tu cabeza
para sembrar en tu rostro
lo que queda de las aves:
una pluma, un hígado espumado,
mi patria revivida
y su sepulcro.

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Restos de un naufragio (Editorial Universos, 2008 )

restos

Somos una lengua de signos,
dos acróbatas circenses que se cruzan en el aire,
un transitado camino por el que nosotros volvemos.
Nos besamos con el mismo desabrigo
con que la ola muere sobre nuestros pies.

***

Si no fuera por la brújula y el ancla,
el eco, el idioma que forjamos;
si no fuera por el navío, el sendero y sus esquinas.
Tú golpeas la fragua, al fin, mi torre helada.

***

La playa que ya no existe, cada ola es distinta
y lleva tu nombre y mi sombra.
Contarte un secreto vagamente,
junto a una orilla despejada y dunas tristes.
La silueta descuidada del olvido,
las olas, la espuma, las aves, todo en lo que creemos.

***

Enterré el cuaderno de ámbar bajo la cama.
Nos perseguimos,
y para no defraudarte
mis brazos se abren entre monosílabos
sin esperar nada a cambio.
Recojo mis ropas con sigilo,
con la vulnerabilidad que nos da la espera;
el quebrado hueso con que rocé tu muslo, pasajero,
para morderte un labio.
Nos perseguimos,
y para no defraudarte
mi sexo se abre definiendo itinerarios.
Acercándose y alejándose de nuevo
diluido en ligeros presagios.

***

Nos equivocamos.
Te ofrecí la llave insigne
de mis secretos
y la perdiste entre las sábanas
del sexo del invierno.
Lo saben las piedras
y las paredes desnudas de tu cuarto.
Si te acercas a la luz tenue
y me rozas los tobillos
te contaré una huida.
Una huida y tal vez una derrota.

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